Las diferencias y los conflictos en la pareja suelen ser la principal causa de las crisis, las separaciones y los divorcios que surgen cada día.
Es normal que, como suele pasar en cualquier situación de convivencia entre personas, los matrimonios atraviesen, transcurrido el tiempo, por múltiples situaciones difíciles que posiblemente pondrán en peligro la continuidad de la relación. Los conflictos, desavenencias, problemas con los hijos y otras muchas situaciones similares que pueden surgir ponen a prueba el estado anímico actual de la pareja y sin duda pueden reforzar lazos, como ocurre en muchísimas ocasiones adversas en las que juntos deben vencer las dificultades, o bien empujarla hacia su ruptura a corto plazo.
Los principios de las parejas siempre son buenos y agradables, pero el paso del tiempo y los avatares de la vida suelen ir enfriando poco a poco la relación y a algo que es mucho peor, la incomunicación. Esta suele ser muchas veces la causante de que la pareja desemboque en una separación o en el divorcio. Si se adoptara una actitud contraria; es decir, si se hablara con claridad de los problemas que preocupan a cada uno de los cónyuges y se solicitara ayuda recíproca para resolverlos, posiblemente se salvarían muchos matrimonios a los que esa falta de diálogo arrastró hasta la ruptura total y el divorcio.
Las causas que pueden hacer que una pareja se separe o se divorcie pueden ser múltiples y variadas. Ya hemos hablado de la falta de comunicación, de las discusiones y de las repercusiones desastrosas que tienen casi siempre. Porque, tengamos en cuenta que las discusiones entre miembros de una pareja suelen ser destructivas en muchos casos. Pensar que siempre se tiene la razón, faltar el respeto al otro o no ponerse en su lugar para intentarlo comprender y, en general, la falta de deseo de buscar soluciones eficaces y la ausencia de diálogo hacen que se continúe con el problema, posponiéndolo y sin resolverlo en absoluto.
A veces, existen casos en los que alguno de los cónyuges tiene sentimiento de abandono y de soledad. Esta sensación surge, por ejemplo, cuando se dan situaciones de exceso de trabajo en un miembro de la pareja y falta de interés por la otra parte. Este sentimiento puede desembocar en muchos casos en la búsqueda de una solución fuera del ámbito conyugal e incluso llegar a considerar como un estorbo al otro o pensar que resulta un freno para el desarrollo personal.
La decepción es también uno de los males que acecha a cada pareja y muchos le achacan todos los problemas que van surgiendo. Este problema surge cuando se empieza a pensar que la persona que tenemos al lado no parece ser la misma que la que conoció y con la que se casó. Por ello, se produce una sensación de chantaje y de falta de admiración.
Por último, la rutina y la monotonía son como un cáncer para el buen funcionamiento de la pareja. El estar haciendo siempre las mismas cosas, conlleva siempre una falta de interés y una falta de ilusión hacia el otro, provocando en muchos casos una apatía y un deseo de romper con el otro para siempre.