El alcoholismo es un trastorno en el que existe una necesidad de ingerir alcohol. Quien lo padece, el alcohólico, establece una relación de dependencia con dicha sustancia, la cual, a su vez, resulta nociva para su salud.

El alcohólico que no es tratado como tal, va deteriorando su salud física y mental poco a poco. Además, genera conflictos en sus relaciones, como por ejemplo en su relación de pareja.

Los problemas causados por el alcohol

El alcohol es una sustancia tóxica que deteriora la salud del alcohólico. Pero en un ámbito familiar, no sólo él resulta afectado, sino que todos los miembros de la familia pueden resultar afectados, en cierta manera, por este trastorno.

La ebriedad es un estado de conciencia distorsionado, en el que pueden devenir estados de ira y violencia. Por lo tanto, cuando existe un alcohólico en la familia, el resto de sus integrantes pueden sufrir maltrato (verbal o físico) e injurias, dentro, por supuesto, de un clima desagradable.

Resulta muy triste para la familia ver en repetidas circunstancias a uno de sus pilares en estado de ebriedad. Esto, además muchas veces, puede generar un sentimiento de bronca contra el alcohólico, por ser el causante de tantos episodios desagradables.

Estos problemas, pueden agotar a la pareja del alcohólico, llevándolo así a solicitar el divorcio.

¿La separación es la única solución?

La respuesta a esta pregunta es no. El alcoholismo, como todas las adicciones, puede tratarse y controlarse, hasta el punto en que el adicto discontinúe totalmente su consumo. Sin embargo, no todos los adictos corren con tal suerte, ni todos los entornos familiares están preparados para sobrellevar la cura de un adicto.

Sabemos que la separación no es la mejor manera de solucionar este problema, ya que el adicto seguirá deteriorando su salud. Sin embargo, cuando la pareja y/o los hijos resultan golpeados y afectados psicológicamente, lo mejor es la separación.

Por supuesto, no debemos olvidarnos que el adicto sufre de un grave trastorno y necesita ser tratado.